Consumo Consciente y nueva economía

La nueva economía, independientemente de la forma que le demos, va a ser una economía al servicio de las personas, con las personas en el centro. Va a cubrir necesidades, no a crearlas ni manipularlas, y va a tener muy en cuenta los derechos de las personas, pero también va a necesitar que se cumplan algunos “deberes”.

Para la mayoría de las personas la economía es algo abstracto, lejano, sobre lo que no sienten ningún poder y de lo que conocen lo básico e imprescindible para adaptarse a las exigencias del día a día. La cara visible de la economía se ha complejizado deliberadamente y en las escuelas no se enseña economía, por lo que para ser competentes en esta área es necesario el autoaprendizaje. En definitiva, la economía aparenta ser cosa de expertos, de unos pocos y para unos pocos, cuando en realidad, está directamente relacionada con el bienestar de las personas, no solo económico, sino también personal y social. Por ello, es importante que las personas sean el centro de esa nueva forma de entender y vivir la economía: una economía conceptualmente inclusiva, entendida y vivida por y para las personas.

En la nueva economía, el consumo es un vector fundamental en la unión entre la demanda y la oferta. Esta nueva economía no solo necesita que las empresas operen con sólidos principios éticos, también necesita que las personas-consumidoras incentiven mediante sus decisiones aquellas iniciativas que cumplan los criterios que quieren defender.

En este proceso de toma de decisiones meditadas, las entidades que operan con una visión inclusiva del bienestar son el referente para liderar la transición. Se trata de entidades que han desarrollado e incorporado criterios de ética, justicia y cuidado ambiental, entre otros, y pueden realizar una labor crucial, dado que son guía y ayuda en el proceso de empoderamiento de las personas, a través de la información, orientación y sensibilización sobre las distintas formas de consumir y sus consecuencias, favoreciendo un consumo consciente.

El consumo consciente es un consumo con sentido, con valor(es), basado en elecciones razonables y razonadas: razonables porque solo se consume lo estrictamente necesario para satisfacer cierta necesidad o deseo, y razonadas porque una vez decidido que es necesario consumir, se analizan las opciones disponibles, se valoran y se toman decisiones consecuentes. En otras palabras, se cuestionan la opción por defecto y la inercia a la que estamos tan acostumbrados. Es cierto que estas elecciones son subjetivas, y así aceptamos que sean, ya que son las personas que toman decisiones las que deben hacer suyos estos términos y darles la forma deseada.

El consumo consciente acentúa la necesidad de que las personas desarrollen criterios a la hora de consumir, frente al consumo responsable, ético o sostenible, que ponen el acento en los propios criterios que definen qué es responsable, ético o sostenible. El consumo consciente se fundamenta en la libertad de las personas para decidir y actuar. Es un concepto inclusivo, que invita a la reflexión, y respetuoso con todos los valores, procesos y ritmos de consciencia. Habrá personas que al sumarse a esta iniciativa incluirán nuevos criterios para tomar decisiones y otras que tras reflexionar mantendrán sus decisiones previas. Todos los procesos son igual de válidos y respetables. 

De esta manera, se podría dejar de lado la hipocresía dialéctica creada en algunas esferas al hablar de “sostenibilidad”. A modo de ejemplo, existe un libro titulado: Green Petroleum: How Oil and Gas can be Environmentally Sustainable. Podemos encontrarnos explotaciones petrolíferas que adopten ciertas medidas ambientales para generar menos impactos, pero ¿podemos hablar de “petróleo verde”? Si el verdadero interés social es hacerlo todo “sostenible” para legitimar que no se cuestione el statu quo, estamos construyendo un frágil castillo de naipes que caerá con la primera brisa.

Existen multitud de sellos de certificación (y procesos asociados) en el plano ambiental y social, así como balances (u otras herramientas) promovidos desde distintos movimientos económicos que establecen procedimientos y determinan qué entidades respetan ciertos valores. Estas iniciativas cumplen muchos propósitos como el establecimiento de unos principios, la verificación de su cumplimiento y el acercamiento de la información a los usuarios consumidores, que pueden conocer fácilmente si un determinado producto o servicio cuenta con el aval de un sello u obtiene una determinada nota en un balance. Una de las grandes ventajas de estas herramientas es la simplificación de información compleja, y, por tanto, su aproximación a una mayoría social. Pero un grandísimo inconveniente es que solo se dirigen a las organizaciones que quieren participar en el estándar. ¿Qué pasa con las que no tienen ese sello o no han hecho un determinado balance?

Muy probablemente, en la nueva economía la transparencia será uno de los conceptos clave. Quienes toman decisiones necesitan información clara, comparativa y contrastable para analizar y discernir entre las distintas alternativas que cubren una misma necesidad. La transparencia es también un concepto fundamental para el consumo consciente. Resulta necesario visibilizar el desempeño de las organizaciones de forma comparativa para disolver el maquillaje impuesto por la publicidad y facilitar que las decisiones se puedan tomar con criterio. Igual que tenemos las etiquetas de los productos alimenticios, ¿por qué no conocer las “grasas, azúcares y vitaminas” que tienen las entidades en las que consumimos? 

La sociedad en la que vivimos es un reflejo de las personas que somos. Las ineficiencias y desigualdades que observamos son el espejo de cómo somos, de cómo entendemos el mundo y de cómo nos relacionamos. Aunque haya procesos que nos parezcan ajenos, todos formamos parte de ellos. Nos lo recordaba hace poco Borja Vilaseca: “Somos co-responsables de que la economía sobre la que se asienta nuestra existencia sea como es” (https://revista-triodos.com/liderar-desde-el-ser/).

Si queremos cambiar el mundo de forma eficiente, duradera e irreversible, tenemos que dirigirnos a las causas –es decir, las personas–, y no solo a las consecuencias –como la pobreza material, el cambio climático o los movimientos migratorios–, puesto que, si solo apagamos las llamas y dejamos calientes las brasas, estas volverán a arder. Dirigirnos a las causas significa un despertar de consciencia, a diferentes ritmos y grados de profundidad, todos ellos respetables.

Está floreciendo espontáneamente una ciudadanía inquieta que no se conforma con la solución por defecto. Hay personas que no se dejan seducir tan fácilmente por la publicidad. Hay personas que encuentran el tiempo necesario para informarse y reflexionar, que son fieles a sí mismas y están dispuestas a defender a las personas que quieren ser y el mundo que quieren ver a través de su consumo. Hay personas que no ven el camino en la confrontación de la lucha ni en la imposición ideológica, sino en la apropiación de sus derechos. Estas personas necesitan herramientas que les faciliten tomar decisiones de consumo mejor informadas.

ConSuma Consciencia, una herramienta para consumir con valor(es)

ConSuma Consciencia (www.consumaconsciencia.org) es una plataforma online que compara el desempeño de entidades que ofrecen productos o servicios en ámbitos cotidianos como la energía, la banca, las telecomunicaciones o la moda. Esta herramienta permite comparar, bajo el prisma de la responsabilidad compartida pero diferenciada, a pequeñas cooperativas con grandes transnacionales. El objetivo es que el usuario final tenga un recurso que le facilite tomar decisiones sobre su consumo, más razonadas y razonables.

Para ello, se proponen una serie de indicadores comunes, aplicables a todo tipo de entidades, y otros específicos, que abordan las problemáticas concretas de cada sector. Los criterios comunes considerarán indicadores acerca de la política de las entidades hacia el cliente, la gobernanza interna, la gestión económica, la comunidad o el medioambiente. Como ilustración de indicadores específicos, tenemos la comercialización de energías renovables para el sector de la electricidad. Los indicadores con los que trabajamos están inspirados en las propuestas de las corrientes económicas alternativas y la responsabilidad social empresarial. Esta forma de entender y comparar las entidades se va a aplicar primero a las más representativas del sector de la electricidad (para usos domésticos) y posteriormente a la banca, telecomunicaciones y moda. La información se presentará de forma rigurosa, transparente y trazable.

Transitándonos, una asociación sin ánimo de lucro que trabaja por que las personas sean el centro del desarrollo, promueve esta iniciativa. ConSuma Consciencia se está construyendo en coherencia con los mismos valores que quiere defender. Es una plataforma online, colaborativa, sin ánimo de lucro, de acceso gratuito, del procomún, independiente, sin vinculación política ni confesional y que pretende fomentar un consumo más razonado y razonable.


Autor: www.consumaconsciencia.org